Sin
embargo, por diferentes motivos, los bosques templados se encuentran entre los
ecosistemas más amenazados y salvajemente explotados por la acción humana.
El proceso de deforestación
apareja la destrucción de plantas y vegetales que, junto con los árboles,
constituyen el ecosistema y posibilitan su funcionamiento. Al desaparecer los
árboles más altos, se produce un lento deterioro de aquellas plantas más bajas,
y, finalmente, el suelo queda expuesto a los efectos erosivos del viento y de
las lluvias
La
pérdida de la cubierta vegetal y del humus va disminuyendo paulatinamente la
capacidad de retención de agua, se reduce el proceso de transpiración por falta
de árboles y el clima se va modificando poco a poco.
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